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Actualmente Elysium atraviesa un maravilloso verano, predominando los días soleados, aunque también de vez en cuando es posible toparse con días donde las lluvias no paran de caer sobre la isla. Las temperaturas varían bastante, yendo de los 33° como máximo hasta los 18° como mínimo. Esta temporada es ideal para paseos en la playa, fiestas al aire libre, todo tipo de actividades recreativas en las que puedas disfrutar de un hermoso sol y cielo despejado en su mayoría.
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por Varouna el Dom Jul 29, 2018 4:20 am
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Zona residencial □ Graham Butler

”Los dioses nos han castigado con una mujer como tú”.

Y sus ojos se abren con lentitud, girando la cabeza ante el inminente peso que desde hace unas horas se apoderaba de su cuerpo. Atrapó con el dorso de su izquierda, aquella fina lágrima que amenazaba con caer, sobre los castaños cabellos de su durmiente hija. Y con la diestra, se aferra dulcemente, a los blancos cabellos de su pequeño hijo. Espera paciente a que ambos se levanten, pero al sentir aquellas pequeñas manitas apretujarse contra sí, se percata que de ese modo nunca despertarán.

-Es momento de levantarse- susurra, frotando los cabellos de ambos -se hará más tarde- dice esta vez. Sulya, el niño de cinco años, solo la abraza con mayor fuerza -deben ir a la escuela- y Rajni, la niña de 7 años, murmura “cinco minutos más”.

Ah, las medidas de una madre son cuantiosas, pero Varouna opta por una sencilla y nada peligrosa forma de lograr que los niños estén de pie con rapidez.

-Voy a llorar si no me obedecen- dice en un fingido sollozo, y como si fuese la propia señal del apocalipsis, tanto Rajni como Sulya saltan de la cama de su madre, apresurándose al baño a empujones -pero tengan cuidado- soltó en una pequeña risa, poniéndose en pie para dirigirse a la cocina -Rajni, vigila que Sulya no se coma el jabón, otra vez.

Sonríe leve al verles devorar sus alimentos, entre risas y sonrisas, amenizando el entorno de la pequeña familia. Un vaso de leche por aquí, un vaso de leche por acá, y por supuesto, frotar con una servilleta las sucias mejillas de ambos. Entonces, Sulya toma una galleta sin permiso del plato de Rajni, quien molesta revela uno de los más grandes secretos del pequeño: alimenta a un gato bajo el puente cercano.

Varouna, por supuesto, no dejó atrás su sorpresa, preguntándole al niño en qué momento se acercaba al puente que daba al canal si ella les acompaña todo el camino de ida y vuelta a la escuela. El albino, con suma timidez, le dice a su madre que se da unas escapadas para encontrarse con el minino.

----------

-Le daré de comer en tu lugar, pero promete que no volverás a salirte de la escuela- dice lo más severa posible, pues los ojitos verdes de su hijo son capaces de ablandarle el corazoncito -¿Prometido?- y hacen un juramento con el meñique, ante la atenta mirada de una casi celosa Rajni.

-¿Prometes que mantendrás un ojo encima de tu hermano?- esa promesa de meñique era tan atrayente, que la castaña aceptó sin rechistar, uniendo el dedito al de su madre.

Se despidió de ambos con un suave movimiento de su mano, Sulya al jardín de infancia, y Rajni a la primaria de a lado. Apretó con la otra aquella bolsita donde venía un poco de leche para el peludo amigo de su hijo, y sin más preámbulos se dirigió al puente que se encuentra cercano a la zona residencial.

No tardó demasiado, de eso estaba más que segura, el problema principal era que… no veía a ningún gato por la zona. Caminó alrededor varias veces, cruzó el dichoso puente otras tantas, y nada. Un pesado suspiro suyo fue acompañado por el maullido de un felino. Recobró la esperanza, enderezándose con rapidez, siguiendo el sonidito hasta el canal que cruza justo a lado del puente.

-¡Ah, no puede ser!- y flotando en una cajita de madera, el gatito calicó, que se asomaba queriendo salir de su improvisado barquito -¿Quién pudo?- se preguntó, afirmándose a su pashmina anaranjada, estirando el brazo derecho sin poder alcanzarlo.

Cualquier otra persona seguramente le diría que dejara al pequeño minino, pero ¿cómo podría si su hijito lo consideraba su amigo? ¿Cómo podría hacerle tanto daño a un animalito?

-A-ayúdenme, por favor, mi gato- siguió con su proeza, aferrándose con su izquierda al suelo -no sé nadar- y cerró los ojos con fuerza.

“Nos han castigado con una mujer como tú”.
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Última edición por Varouna el Dom Ago 19, 2018 7:22 am, editado 2 veces


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por Invitado el Lun Jul 30, 2018 5:03 pm
Definitivamente el haber salido temprano para salir a correr tenía sus ventajas. Especialmente por el hecho de que no tenía que encontrarse con nadie que lo conociera y terminara preguntando por cosas como consejos sobre ejercicios, dietas y demás. No es que le disgustara este tipo de atención, pero realmente prefería que pagaran por sus servicios a no ser que fuesen personas que él ya conocía previamente. ¿Se trataba de un hombre alimentado por un ego casi inexistente? Para nada, pero sí que hacía respetar su trabajo, que por algo estudió y se entrenó para llegar a ser ahora lo que es. Obvio, que hubo intereses previos que podría haber desarrollado, pero la vida le enseñó a la fuerza que no hay nada como el seguir el trabajo de tus sueños, si no más bien conseguir uno que te permita sobrevivir en un mundo tan capitalista como este, incluso en un mundo donde la única utopía es una isla que es prácticamente secreta para todo ser que viva fuera de esta y no conozca de su exacta ubicación.

Trotando se encontraba de forma tranquila, disfrutando de la suave brisa que acariciaba su rostro y mecía sus rojizos cabellos. Escuchando música no se percataba de que alguien precisaba ayuda al menos hasta que estuvo lo suficientemente cerca como para percatarse de una particular mujer. De piel morena cual chocolate en taza, nívea y de vestimentas particulares. Eso no es lo que le llamaba la atención a Graham el cual se detuvo lentamente y sacó los audífonos de los oídos, si no más bien que estaba intentando alcanzar algo. ¿Qué exactamente? Divisó entonces una pequeña caja que se la estaba llevando el canal.

Señorita, ¿puede sostenerme esto? Por favor. — dijo en un tono serio. Directamente le dio su reproductor con los audífonos, su teléfono móvil y se sacó la chamarra deportiva que llevaba encima. Se retiró el calzado también, las medias, y se tiró de clavado al canal. El agua estaba fría, pero no para dejarle ya saben qué en la garganta. Empezó a nadar tan rápido como pudo, tomando la caja y usando su fuerza para llegar a las orillas sin mucho esfuerzo. Empapado ahora de pies a cabeza, subió hasta el puente, agarrando al minino en brazos, aunque este se mostraba sumamente arisco con Graham, enterrándole las uñas aunque este la verdad tampoco mostraba señales de que le doliera ni nada por el estilo. Solo miraba con curiosidad al gato, el cual sin detenerse le gruñía, paraba los pelos del lomo y le dedicaba una mirada sumamente arisca.

Una vez estuvo lo suficientemente cerca de aquella mujer, Graham dejó ir al gato, el cual sacudiéndose el agua rápidamente, se acurrucó entre las piernas de la contraria. El pelirrojo por su lado suspiró suavemente, escurriendo agua hasta que sacudió la cabeza de un lado al otro pero no como un perro, si no más bien para no dejar que el flequillo le cayera al rostro. Tras esto, levantó la mirada pasándose una mano por la cabeza peinando su cabellera para atrás, y habló. — Puede tener más cuidado la próxima vez... estaba por caerse si no fuera porque se detuvo de intentarlo. — advirtió, emitiendo un pequeño suspiro antes de seguir la charla, colocándose la ropa nuevamente aunque el pantalón estuviera encharcado en agua.

Los brazos de Graham estaban rasguñados, incluso mostrando pequeños rastros de sangre, y no solo en estos si no en su pecho y en una de sus mejillas debido a la desesperación el felino en soltarse. Lo raro es que ahora se encontraba ronroneando entre los brazos de aquella piel morena; vaya animal.

¿Se encuentra bien? — preguntó, queriendo saber que todo estaba en orden antes de retirarse nuevamente.
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por Varouna el Jue Ago 02, 2018 9:54 pm
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Zona residencial □ Graham Butler

Apretó los labios fuertemente al no poder alcanzar la caja donde el felino navegaba, estando a punto de sollozar por su propia estupidez. Era una hechicera, una maldita hechicera y ni siquiera podía hacer algo con la corriente de aquellas aguas… porque la magia elemental nunca fue su fuerte. Habría caído al agua fría, empecinada por alcanzar al gatito, de no ser por una voz masculina. Se puso en pie al instante observando al hombre que, con seriedad, le pedía sostener sus objetos. La sorpresa en el femenino rostro no se hizo esperar, sin embargo, ella tomó aquel reproductor, celular y chamarra sin rechistar… porque él iría por el pequeño.

-Tenga cuidado- susurra la dama de piel morena, aferrándose a la chamarra que apretó contra su cuerpo, manteniendo la esperanza de que el joven podría alcanzar al gatito. Se agachó un poco, tomando las demás pertenencias del pelirrojo y evitar que éstas fuesen empapadas o cayeran al canal accidentalmente. Y en lo que sostuvo los zapatos del varón, pensó en su pequeño Sulya; de no haber tomado ella su lugar para alimentar al gato ¿Qué hubiese pasado?

Varouna imaginó hasta los más terribles escenarios.

-Muchas gracias- dice, acercándose presurosa hasta el empapado hombre, y con la preocupación más visible en su rostro, le entrega sus prendas una por una. Dejó los zapatos cuidadosamente en el suelo, frente a él, mientras que las medias fueron entregadas directamente a sus manos, así como una chamarra perfectamente doblada. Con el celular y el reproductor esperó, pues temía que se dañaran ante el estado del más alto. Y sus ojitos verdes, que en un principio siguieron cada uno de sus movimientos, no se despegaban de las heridas provocadas por un asustadizo minino.

Se agachó un poco, y con un extremo de su pashmina retira el exceso de agua en el pelaje del pequeño felino, el cual se pegaba a ella en busca de mimos. Era tan lindo que ahora entendía por qué Sulya lo quería tanto. Entre sonrisas escucha la reprimenda del contrario, elevando su mirada cual jade buscando las palabras adecuadas para responderle, pero ¿Qué podía decir? El gato ya es suyo.

-Nuevamente le agradezco lo que hizo- soltó, enderezándose para alisar su larga falda de mezclilla, la cual ya estaba un poco mojada por obra del gatito, pues había saltado a su regazo para que ella lo abrazara. –Tendré más cuidado la próxima vez- y con el felino frotándose contra sus tobillos, la mujer camina despacio hasta el joven, sacudiendo antes su pashmina y colocándola sobre aquellos rojos cabellos, en el afán de secarlos antes de que pudiera retirarse.

-Debería preocuparse antes por usted- responde a su pregunta, no dejando de frotar delicadamente la tela tejida –no quisiera que pescara un resfriado- sonríe leve, bajando la mirada, esperando que mirara al gatito que alegremente se limpiaba para acomodar sus pelos rebeldes, resbalándose un par de veces y girando otras tantas, tan chiquito que daba gracia. Y volvió la vista a él, pasando el tejido por su rostro mientras pensaba en la forma de curar sus heridas.

¿Ir a casa o usar su magia?

-Tengo un par de venditas- dejó la pashmina alrededor del cuello masculino, buscando en su bolso el pequeño estuche de primeros auxilios, con dos niños atrabancados una madre siempre debe estar preparada –será temporal- dijo al sacar el estuchito, revelando unas cuantas curitas, algodón y una mini gasa –tenía un spray para evitar infecciones, pero se terminó- y le puso una de las curitas en la herida del rostro.

-Sígame, atenderé sus heridas en casa- tomó al gato entre sus brazos, quien se acurrucó sin pesar sobre su prominente busto –salvó a Galleta- su hijo la mataría por ese nombre –es lo menos que puedo hacer por haberse arriesgado de esa manera- y sonrió afable, con el pequeño durmiendo aun sobre ella –por favor, acepte mi gratitud.
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Última edición por Varouna el Dom Ago 19, 2018 7:27 am, editado 1 vez


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por Invitado el Miér Ago 08, 2018 12:09 am
Se miró, notando que varios de los arañazos que el gato le había propinado sangraban; no profusamente pero sí de una forma tal que el ardor se le hacía un tanto incómodo. ¿Pero de ahí a infectarse o algo peor? No, imposible. Siendo un licántropo tenía una capacidad curativa mucho mayor a la de un humano común y corriente, más no pretendía que la piel canela entendiera de primeras, tampoco es que pudiera deducir su raza nada más por la forma en la que despreocupadamente se había tirado a salvar al felino incluso cuando este se mostraba reacio a recibir ayuda por parte del pelirrojo. — "¿Esto? No son más que simples rasguños, no debe preocuparse..." — es lo que debería haber dicho. Pero notó cierta melancolía en la mirada de aquella mujer, una que no veía en personas hacía mucho tiempo. Profunda, como si estuviese a punto de resquebrajarse a llorar y un nudo constante en su garganta le hiciera hablar tan así gentilmente.

Graham se dejó hacer, sin decir ni una sola palabra pero se quedó mirando el rostro de la mujer que atendía sus pequeñas heridas. Confundido en gran parte porque lo invitaba libremente a su casa, como si tuvieran toda la confianza del mundo cuando recién se habían conocido. ¿Qué pasaba por la cabeza de aquella mujer en esos momentos como para comportarse de esa forma con Graham? Quizás había visto en él alguien amable, sincero... ¿pero y si mentía, y era solo un violador esperando la oportunidad correcta? Obvio, que esto se alejaba muchísimo de la realidad... pero la posibilidad existía, si no fuera el pelirrojo quien estaba en su lugar. — No debe preocuparse tanto por alguien que pasaba y ofreció su ayuda, aunque hay algo que me preocupa más que su gato... — dijo sin pensarlo dos veces. Las palabras muchas veces salían solas por su boca, como si fuese más bien una reacción involuntaria de su cuerpo.

¿Usted se encuentra bien? — preguntó, sin quitarle la mirada de sus ojos ni un solo segundo. — Comprendo que tal vez me esté entrometiendo más de lo necesario, y entendería que esto le haga sentir incómoda... Pero veo melancolía en su mirada, tristeza e incertidumbre. — decía sonando sumamente elocuente con sus palabras y no solo por el amor a hacerlo. Entendía a la perfección qué palabras usar cuando veía que alguien con su mirada podía decir muchas cosas, especialmente luego de tantos años estudiando sobre psicología, lectura de rostros y demás. Podría ser perfectamente no solo un psicólogo, si no también un analizador de la policía; pero estos eran trabajos que no le llamaron nunca la atención. No demasiado al menos. Aunque sí que adora psicoanalizar a los demás, nunca perdiendo una oportunidad cuando se le presenta.

No se preocupe por mis heridas, ya que estas sanarán tarde o temprano, pero siento que... no le haría nada mal tener a alguien que le escuche aunque sea un rato. — expresó sincera preocupación, aunque también era cierto interés por aquella mujer. No por su físico ni nada por el estilo; esos eran detalles ínfimos, a los que no le prestaba atención. Si no más bien en su estado, esa melancolía que expresaba con su mirada, como si estuviera a punto de echarse a llorar de todo el estrés que acarreaba. Más Graham se dio cuenta de su grave error, estaba siendo demasiado lanzado con alguien que recién conocía. De nuevo volviendo a esas viejas costumbres que a toda costa quería dejar atrás. El encimarse a alguien por querer analizar, saber qué pasaba por sus cabezas, ese deseo incesante de querer ayudar fuera con palabras... o tan solo prestando su oreja. — Lo siento... no debería ser tan metido. Aceptaré su invitación... y disculpe mi falta de educación, me llamo Graham. — se presentó, mostrando entonces una pequeña sonrisa de medio labio a la piel canela frente a él.
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por Varouna el Dom Ago 26, 2018 3:11 am
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Casa de Varouna □ Graham Butler

Y Varouna había emprendido la caminata, aun con el pequeño felino en brazos, a quien decidió llamar “Galleta” en vista de no tener un mejor nombre para él. Esperaría a que su pequeño estuviera en casa para que le colocara el nombre de su gusto, deseando que no fuese demasiado chusco. Sin embargo, las palabras del varón lograron que su paso se hiciese más lento, al grado de detenerse y darse la vuelta, mirándole con sorpresa.

-¿Algo que le preocupa?- pensó, volviendo por sobre sus pasos, acercándose un poco más al joven para no perder detalle de sus preocupaciones. Pero aquella pregunta fue más un balde de agua fría.

Varouna apretó los labios en una fina línea, descendiendo su mirada hasta el suelo, no sabiendo qué decirle exactamente. Su diestra se cerró en un puño, como si algo en sus adentros le gritara que debería poner al hombre en su lugar, vociferar con molestia que aquello no era asunto suyo… pero no podía, no le salía.

Su subconsciente sabe que él salvó al felino.

Sus labios temblaron ligeramente, mientras una lucha se desataba en su interior, entre ignorarlo y proseguir con sus cuidados o insultarle por entrometido y dejarle plantado. Mientras sus adentros discutían, la boca de Varouna abría y cerraba, como si buscara las exactas palabras para dedicarle; y sus azules ojos se movían de un lado a otro no sabiendo exactamente donde depositar aquella mirada.

Y entonces, las nuevas palabras dichas por aquel hombre la sorprenden profundamente, al grado de quedar levemente boquiabierta, respirando un poco más rápido, denotando su nerviosismo –Usted…- desvió la mirada, ¿Ella era tan obvia con sus sentimientos? ¿Acaso todos lograban ver a través de sus emociones?

-Basta- dijo en voz alta, frunciendo leve el ceño sin apartar su vista de los ojos masculinos. Un pesado suspiro decidió escaparse de ella, acariciando al pequeño gato que dormía plácidamente sobre su pecho, intentando calmar ese creciente nerviosismo… esa ansiedad –Estoy bien, no debe preocuparse por mí, señor Graham- una muy pequeña sonrisa formaron sus labios, prosiguiendo entonces con su caminata hacia casa –solo sígame, ¿de acuerdo?- quería olvidar lo que estuvo a punto de gritar –me llamo Varouna-

Y la caminata de regreso a casa se convirtió en una carrera, como si la morena buscara la manera de deslindarse de aquel hombre, pero cumpliendo su palabra. Creía que al correr llegaría más pronto, y más pronto dejaría de verlo, ¿Podría ser cruel en su pensar? Solo deseaba evitar más indagaciones sobre su estado de ánimo porque… ella…

Ella está bien, ¿verdad?

-Disculpe el desorden- dice enrojecida al entrar a casa, soltando al gato en la sala. Deja las llaves y su bolso sobre la mesa del comedor y se encamina con rapidez por un par de toallas –el baño está en el pasillo, la lavadora y la secadora están ahí mismo- dijo al entregarle la toalla, sonriendo levemente al ver a Galleta, quien comenzó a jugar con uno de esos pendientes que creía perdidos, ya se estaba ganando puntos con ella -¿Necesita que le diga cómo funcionan?

Entonces, toma asiento con el minino en brazos sobre el sofá, envolviéndolo en una gran y esponjosa toalla –Vas a quedar muy seco y limpio- susurró con dulzura –me encargaré de sus heridas cuando salga del baño- y espera paciente, limpiando los ojitos de Galleta.
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por Invitado el Miér Sep 05, 2018 7:35 pm
"Basta."

La única palabra que Graham entendía a la perfección. Se quedó callado, como si fuese un témpano o aplicara la ley de hielo a la mujer de piel morena y cabellos oscuros. Caminó a su lado hasta que llegaron a la casa, algo que le parecía tan extraño como de ensueño. No porque lo deseara, sino porque le resultaba sumamente extraño que ella invitara a un total desconocido a su casa, poniendo en peligro la vida de aquellos que la rodeaban, no solamente la suya. Escuchó las indicaciones de la mujer, encogiéndose fugazmente de hombros al escuchar su última pregunta. —"¿Necesita que le diga cómo funcionan?" —a lo que el pelirrojo renegó. —Para nada, afortunadamente estoy acostumbrado a estos aparatos, no lavo a mano. —contestó, casi que sonaba como una broma si no fuera por su expresión totalmente neutral, como si estuviera desinteresado en su totalidad. Más se adentró al baño, sacándose la ropa y colocando esta en la secadora, no sentía la necesidad de lavarla cuando ya se había metido al río bajo el puente.

El baño duró poco, fue más bien para sacarse el sudor que otra cosa, y cuando salió la ropa ya estaba seca afortunadamente. Se vistió, secándose el cabello y dejando la toalla bien doblada sobre el secador. Al salir del baño, se dirigió hacia donde pensaba se encontraría aquella mujer, viendo que se encontraba sentada aún con el gato acomodado en su regazo. Se acercó en silencio, al menos hasta que su presencia fuera imposible de ocultar, y allí parándose frente a ella, aclaró su garganta para llamar su atención, y empezó a hablar. —Agradezco su amabilidad, señorita Varouna. —dijo. —Su cordialidad merece que le pida disculpas por haber sido tan mal educado en preguntar sobre asuntos personales sin conocerle ni un poco. —no hablaba de un modo caballeroso, si no más bien formal. Estaba muy acostumbrado a ser profesional incluso cuando no trabajaba como psicólogo sino como entrenador personal. Pero viejas manías nunca mueren; o eso dicen.

Buscó un asiento que estuviera cercano a ella, acomodando fugazmente su cabello rojizo sacándose los flequillos que caían  sobre su cara, antes de reanudar la charla con la mujer de piel morena. —No fue mi intención ser tan irrespetuoso e inquirir que con preguntarle me lo diría, de hecho tampoco es que quisiera saber, fue más un acto de reflejo... preocupación como le dicen normalmente, ¿sabe? —se dirigía a ella con total calma, manteniendo una pequeña sonrisa plasmada en su rostro. Una sonrisa tranquila, extrañamente sereno tras todo lo ocurrido y es que Graham no tenía razones para estar de otro modo. Ella no había mostrado malas intenciones, por lo que de momento el pelirrojo no tenía nada de qué desconfiar. —Si le he incomodado mucho, no tengo problema con irme ya. De hecho, debería irme ya... he abusado mucho de su amabilidad y desde un principio no tendría que haber aceptado venir hasta su casa. —expresó. No porque le desagradara la contraria, sino que era algo normal en él, no querer abusar de la buena fe ajena.

Era imposible para Graham socializar cuando sentía que los demás hacían las cosas más por obligación que por gusto.
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por Varouna el Mar Sep 25, 2018 11:22 pm
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Cuando el hombre se retiró al baño, Varouna se dedicó a observar al pequeño felino, quien jugueteaba con uno de los cascabeles que Rajni solía atar a las cintas de sus zapatos, no pudiendo evitar sonreír. Se puso en pie con lentitud, y en su caminar, el pequeñín comenzó a seguirla, paseándose por entre sus piernas, casi pisándole una de sus patitas. Y aquello fue un problema, siendo tan chiquito, necesitaría demasiados cuidados… y ella definitivamente no sabe nada de gatos.

Suspira pesadamente al sacar pan y mayonesa del refrigerador, así como otros tantos ingredientes que dejó en la barra que decora su cocina. Unos minutos le tomó preparar dos sándwiches, así como servir una taza de café, dejándolas en la mesa. Escucha la llave de la regadera detenerse, sonriendo sutilmente a la espera del joven pelirrojo.

Hace pocos minutos, al llegar a casa, ella tuvo ese horrible pensamiento de querer deshacerse de él; pero ahora, en la tranquilidad de su hogar, pensó con lentitud todo lo acontecido. Rememoró la acción realizada por el masculino, y la actitud de ella cuando pregunto sobre su estado de ánimo, como una aguja punzando su corazón. Él no tiene culpa de nada, solo es ella, únicamente es ella la del problema… teme contarle sus temores a otra persona, y teme que estos sean descubiertos.

Recoge un par de juguetes que se encuentran regados en el suelo, así como los dibujos realizados por Sulya en su clase anterior, recuperando el ánimo que creyó desaparecido con el asunto del gato. Y a su mente llega el rostro de su adorable hijo, iluminado cuando se encuentre con su amiguito Galleta, ¿no es lindo?

Toma asiento en el sofá, siendo perseguida por el minino, quien sube con cierta dificultad el sillón, únicamente para acomodarse en su regazo. Era definitivo: Galleta sería su cuarto hijo.

Unos cuantos minutos transcurrieron, y escucha la varonil voz del pelirrojo, girándose con una afable sonrisa al hombre, quien solo agradece sus atenciones… sintiéndose culpable por el trato que estuvo a punto de darle. Entonces, una delicada risa se escapa de sus finos labios, galleta mordía sus deditos exigiendo alimento.

-Acepto sus disculpas, señor Graham- dijo, solo para acercarse al joven pelirrojo y detener el movimiento de sus labios con dos de sus dedos, presionando con suavidad estos, no evitando soltar una segunda risa –Yo también fui un tanto grosera con usted- murmuró, dejando ir aquella boca con lentitud, mirando un instante a sus ojos, sonriendo con cierta dulzura cuando estos la atraparon.

Y Galleta baja, maullando un par de veces antes de echarse al suelo como un tapete. Varouna sabe que tiene hambre, pero su hogar no está listo para recibir a un gatito –Seguramente está cansado- empieza, poniéndose de pie –no quisiera que se retirara en ese estado, señor Graham- dijo al acercarle el plato con sándwich y la taza de café –lo ocurrido hoy no es algo que pudimos prever, pero salvó una vida- y su esmeralda mirada desciende –y aún no sé qué más hacer para agradecerle.

Duda antes de continuar, apretando sus labios en una línea, ligeramente nerviosa… pero ver a Galleta tirando de su falda, es suficiente para darle solo un poco más de fuerza –Ya hizo mucho por mí, y por él- susurra, elevando poco a poco sus verdes pupilas –y me apena de sobremanera pedirle esto, pero… ¿Podría acompañarme… a una tienda de mascotas?

Calla, mirándole fijamente, pero con temblorosos labios, apretando la falda que cubre su regazo con ambas manos –Si no puede hacerlo, yo lo entenderé perfectamente, con que pueda facilitarme alguna tienda o veterinaria de calidad, me basta- esperaba obtener una respuesta negativa a la primera petición, así como una afirmativa a la segunda –es muy notorio que usted tiene mascotas en casa- dice, relajando las facciones al ver a Galleta jugando con la cinta de su zapato –porque no cualquiera arriesgaría su vida para salvar a un animalito.
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